¿Animalismo en La Moncloa?

Artículo de Victorino Martín, presidente de la Fundación del Toro de Lidia, para El Mundo.

La tauromaquia es cultura popular y, por tanto, vive ajena a las ideologías políticas. O al menos así debería ser. En este sentido, el mundo del toro no debería tener nada que opinar sobre si un gobierno es de una manera o es de otra. Pero los toros, eso sí, son incompatibles con una ideología, la animalista, cuyos postulados parten de la premisa de que hombres y animales son sujetos de una consideración similar, incluso homologable en algunos casos.

Es más, consideramos que el animalismo no es simplemente una opción política, sino una ideología incompatible con nuestra civilización. En palabras del filósofo Francis Wolff, el animalismo es una de las modenas utopías potencialmente destructoras de nuestra civilización.

En cualquier caso, con lo que desde luego es incompatible es con cualquier tipo de solución para la España vaciada. La España vacía, la España rural, es un espacio de nuestro territorio intrínsecamente ligado al uso milenario de los animales por parte del hombre. Estos usos han dado lugar no solo a toda una actividad, la ganadera, sino a una cosmovisión de costumbres, de canciones, de festejos, de dichos y usos… de nuestro patrimonio material e inmaterial, en definitiva.

La introducción de políticas fundamentadas en la ideología animalista supondría la última bala, la definitiva, dirigida al corazón del mundo rural. Por eso hablar de la España vacía y de animalismo es absolutamente incompatible. O políticas sobre España vaciada o animalismo, pero las dos cosas no.

Cierto es que el acuerdo firmado entre el PSOE y Unidas Podemos no recoge el compromiso expreso de aprobar medidas animalistas, pero sí propugna en el punto 3, «la garantía de un trato digno a los animales», una declaración de intenciones tácita que transitaría esa senda. De todos es conocido que Unidas Podemos ha defendido postulados expresamente animalistas, que si bien quedan ocultados en su último programa electorla, se han manifestado tanto en sus anuncios electorales, en las declaraciones de algunos de sus dirigentes o en iniciativas legislativas presentadas en algún parlamento autonómico.

Y el punto 8 del preacuerdo de PSOE y Unidas Podemos reza «Revertir la despoblación: apoyo decidido a la llamada España vaciada». Pues bien, esto es completamente incompatible con abrir la vía del animalismo. Cuando uno se asienta en posiciones de gobierno no suele atemperar radicalismos pasados, por lo que confiamos en que UP adquiera una perspectiva más amplia y no desempolve sus propuestas animalistas, radicalismo ideológico inaudito y ataque frontal y definitivo a la España rural, su vaciamiento definitivo.

Quizás tengamos que escuchar, no sería la primera vez, que es que los pueblos de la España rural tenemos que «reconvertirnos», «reciclarnos», «evolucionar» o cosas similares, con esa especie de condescendiente superioridad con que algunos urbanitas se atreven a hablarnos a la gente del mundo rural, Nos sugieren que ser ganaderos, que tener animales para nuestro uso y para nuestras celebraciones, es una especie de atraso que se puede curar con las recetas de evolución y prosperidad que nos van a proporcionar gentes que no han trabajado en el campo en su vida.

A todos esos que sienten la tentación de decirnos desde su ideología animalista lo que deberíamos hacer en el campo les digo dos cosas. La primera, que si es tan sencillo eso de reconvertirse en el mundo rural, que vengan y nos lo demuestren. Nada tan elocuente como liderar con el ejemplo. Lo segundo, que resulta que no queremos hacer otra cosa. En la gran mayoría de los pueblos de la España rural los animales son omnipresentes, han conformado nuestra forma de ser, de hacer, de pensar y de celebrar. Estamos orgulloso y queremos continuar el legado milenario que hemos recibido.

El animalismo es la ideología que persigue el objetivo final de no poder usar los animales. Quien diga lo contrario, simple y llanamente está mintiendo o desconoce de manera clamorosa lo que significa este concepto. Y no usar los animales significa la muerte sin posibilidad de retorno de la España rural, de la España vaciada. Sería una desconcertante sorpresa del destino que al final quien diera la puntilla a los menos favorecidos de este país, a los que todavía sostenemos penosamente la España rural, fuera un gobierno denominado progresista.

El animalsimo, ni que decir tiene, busca el final de la tauromaquia. Los toros en España, como elemento más característico de nuestra cultura, tiene un valor simbólico que lo hacen una cabeza especialmente apetitosa para el movimiento promovido por la industria animalista. Y no es una cuestión de gustos, señor Sanchez y, especialmente, señor Iglesias: es una cuestión de respeto al orden constitucional y algo que va más allá incluso. Un sagrado respeto a la libertad cultural de los pueblos.

La cultura popular de un pueblo es la que ese pueblo decide que es. No se toca, no tiene que «evolucionar», no hay que «adaptarla» a nada. Solo los regímenes totalitarios se atreven a eso. Tampoco es objeto de referéndum, señor Iglesias. Entiendo que son cosas que se dicen en campaña pero también quiero pensar que sabe perfectamente que un referéndum de esas características no sería legal. Como no hubiera sido posible un referéndum sobre el rock radical vasco en los 80 o sobre el reguetón ahora, por mucho que a alguien no le gustasen. La cultura no se toca. Tampoco la que no compartimos o entendemos.

No es nuevo que sobre determinadas expresiones culturales se hayan alzado voces alegando inmoralidad. La historia de la censura es una historia de la imposición moral sobre la libertad cultural. Uno de los casos que recientemente más indignación internacional provocó, hizo que la UNESCO interviniera para proteger todas y cada una de las expresiones culturales. Fue en 2001, cuando el régimen talibán decidió bombardear y destruir los budas de Bamiyán por ser considerados contrarios a su moral. Ese mismo año, la UNESCO aprobó la convención sobre diversidad cultural, en la que exponía que solo existía una única línea roja que no pueden traspasar las expresiones culturales para ser admisibles: los derechos humanos y libertades fundamentales.

Igual que no se pueden destruir los budas, tampoco se puede bombardear la tauromaquia. Lo único que pueden hacer los poderes públicos respecto de la tauromaquia, en cuanto a expresión cultural y de acuerdo con la Constitución (art. 46), es garantizar su «conservación» y «promover su enriquecimiento». O sea, promocionarla, tutelando el acceso a la misma, ya que todos tienen derecho a ella.

 

Artículo: ‘Antonio Capmany, el diputado catalán que se enfrentó a la prohibición de las corridas de toros’

Artículo escrito por Beatriz Badorrey, miembro de la Comisión Jurídica de la Fundación Toro de Lidia, para el diario El Mundo.

En él, la reconocida doctora repasa la trayectoria política de Antoni Capmany (filólogo, crítico, humanista, historiador y diputado por Barcelona en las Cortes Generales y Extraordinarias); enfatizando la defensa que hizo de la fiesta de los toros a raíz de una propuesta de prohibición en 1813.

En este sentido afirma:

«Lo que atrae principalmente a los espectadores es el bullicio del concurso, el jolgorio de la gente y la grandeza del espectáculo, que ciertamente lo es, pues, fuera de los de la antigüedad, no hay en los tiempos y pueblos modernos una reunión más vistosa, más alegre y popular que se puede llamar nacional, donde se respira el aire libre debajo de la gran bóveda del cielo».

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Artículo: “Portugal: los toros como libertad fundamental”

Artículo escrito por Alexandre M. Mestre y Luís Fábrica, miembros del despacho Abreu Advogados, por encargo de la Comisión Jurídica de la Fundación del Toro de Lidia.

En él, analizan los elementos esenciales de la sentencia del Tribunal Constitucional de Portugal que reconoció el “derecho al toreo” como elemento protegido por la constitución portuguesa y por el resto de normas jurídicas de naturaleza vinculante, tanto europeas como nacionales.

En este sentido afirma:

«Considerando el reconocimiento jurídico de la dimensión cultural del toreo, es cierto que el espectáculo taurino o, en otras palabras, ‘el derecho al toreo’ se integra en el marco de la ‘libertad de creación cultural’, que es uno de los «derechos, libertades y garantías» consagrados en la Constitución»

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Artículo: “Los toros vuelven a Palma por derecho”

Artículo escrito por Lorenzo Clemente, presidente de la Comisión Jurídica de la Fundación Toro de Lidia, para el diario El Mundo.

En él, el reconocido abogado analiza el recorrido judicial que ha permitido la vuelta de los toros a Palma, además de los aspectos esenciales y las consecuencias de la sentencia del Tribunal Constitucional que declara nula prácticamente la totalidad de la ley sobre los “toros a la balear”.

En este sentido afirma:

«La vuelta de los toros a Palma de Mallorca demuestra que los esfuerzos de todos los que han defendido la necesidad de blindar legalmente la protección de la tauromaquia y los que actuado en los tribunales para reivindicar esta defensa no ha sido en balde»

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El animalismo, una amenaza global

Gracias a la Federación Andaluza de Caza, fuimos invitados a participar en el suplemento «Caza y Naturaleza» que editan dentro de ABC Sevilla, ABC Córdoba, Ideal de Granada, Jaén, Almería, Diario Sur y La Voz de Cádiz.

Con «El animalismo, una amenaza global», l artículo escrito por el presidente de la FT Victorino Martín participamos en él.

En este sentido, podemos leer que:

El animalismo, una amenaza global «Solo las cinco primeras entidades animalistas del mundo manejan un presupuesto conjunto de más de 800 millones de dólares anuales»

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«Las ganas», por Fernando Savater

«No hay nada más espiritual que hacer algo porque sí, sin necesidad»

Artículo imprescindible de Fernando Savater para el diario El País:

[…]»Salvo comer, beber, resguardarnos de las inclemencias meteorológicas y procrear, todo lo demás que hacemos los humanos es porque nos da la gana. Ahí incluyo el fútbol y La Gioconda, los sonetos y el parchís, las peregrinaciones a Lourdes y a La Meca junto al alpinismo y los viajes a la Luna, las sinfonías, las series televisivas, las bromas y los duelos al amanecer. También las corridas de toros, también los sanfermines… No hay nada más espiritual que hacer algo porque nos da la gana, sin necesidad: los animales no tienen esos caprichos, o no tan frecuentemente como nosotros. Sólo porque hacemos lo que nos da la gana apreciamos la estética y necesitamos ética. ¡Viva San Fermín!»

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Artículo: “Frente a la arbitrariedad, la ley”

Artículo escrito por Lorenzo Clemente, presidente de la Comisión Jurídica de la Fundación Toro de Lidia, para el diario El Mundo.

En él, el reconocido abogado analiza todo el procedimiento iniciado por la Fundación en Villena a raíz de la negativa por parte del exalcalde del municipio a ceder la plaza de toros para la celebración de un espectáculo taurino, y la importancia de que haya sido citado a declarar como investigado por un posible delito de prevaricación.

En este sentido afirma:

«ya ningún alcalde podrá ampararse en sus gustos o preferencias para autorizar o no la celebración de festejos taurinos o para ceder o no los recintos taurinos para celebrar en ellos los festejos para los que fueron concebidos»

 

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Carta abierta a Óscar Puente, Alcalde de Valladolid

Estimado Sr. Puente,

Asistimos con consternación a la campaña animalista que el Ayuntamiento de Valladolid acaba de lanzar junto con la Asociación Animalista Libera!.

Entiendo que ha podido dejarse engañar por los superficiales buenos sentimientos que de manera errónea se atribuyen al movimiento animalista y a lo aparentemente loable de la campaña promovida.

Animalismo, señor Alcalde, no es cuidar perros y gatos, ni promover un obligado respeto por los animales. Animalismo, señor Alcalde, es un movimiento que promueve la desintegración de nuestra cultura, partes fundamentales de nuestra economía y nuestro medio ambiente.

El animalismo es una ideología que pretende equiparar los derechos de los hombres y de los animales, algo completamente incompatible con nuestra civilización. Para que no le quepan dudas, le extraigo un fragmento literal de la declaración de intenciones que en su página web realiza Libera!, asociación con la que han cometido el inmenso error de colaborar en una campaña institucional:

“Los animales son considerados actualmente (y a lo largo de la Historia), como objetos o recursos para así no tener que otorgarles unos derechos fundamentales que entrarían en conflicto con su utilización, por eso en LIBERA! nos ocupamos de que les sean reconocidos y protegidos desde los ámbitos legislativo, político, social y moral.”

Señor Alcalde, piense por un momento en las consecuencias que el avance de la ideología animalista tendría sobre su ciudad y sobre la provincia entera. El animalismo sería el fin de multitud de fiestas y productos que nos definen en lo más esencial.

Desde luego, el animalismo sería el fin de las corridas de toros, los cortes y los encierros, los que se celebran en su ciudad y los que se organizan en decenas de municipios de la provincia.

Da igual que estas celebraciones alrededor del toro sean una expresión que define a las gentes de Valladolid, la ideología animalista promovida por Libera! las liquidaría. Y las sustituiría por nada, por un vacío como pueblo que se reconoce en unas tradiciones.

Pero desde luego el animalismo no pararía con los toros. Si cree eso, señor Alcalde, es que no ha dedicado tiempo a estudiar la ideología animalista y al movimiento que lo promueve.

Así, el animalismo sería también el fin en Valladolid, y me limito a poner solo un par de ejemplos, del lechazo como estandarte gastronómico de la ciudad o de los quesos Entrepinares, uno de los iconos industriales de su ciudad, segunda empresa en importancia detrás de Renault.

Sería igualmente el fin de la actividad ganadera con vacas, cerdos, ovejas, pollos o cabras, con sus correspondientes industrias y también el fin de la actividad que realizan decenas de miles de personas con licencia de caza en la provincia o las también decenas de miles con licencia de pesca. Casi puedo sentir la vergüenza que le produciría a Miguel Delibes ver su ciudad arrastrada de esta manera.

Campañas como la que usted ha permitido son una cesión inaudita ante un movimiento que pretende acabar con nuestras formas de vida. ¿Con quién está usted, señor Alcalde, con su gente o con los movimientos que pretenden imponernos una forma de ser y de vivir ajena a nosotros?

Consideramos una irresponsabilidad que el Ayuntamiento de Valladolid haya accedido a participar en una acción junto con una entidad animalista. Una acción en apariencia loable, pero que es siempre parte de la estrategia animalista para introducirse en las instituciones. Por esto lamentamos tener que llamar su atención de manera pública sobre lo imprudente que resulta que hayan sido cómplices, precisamente en Valladolid, con el blanqueamiento del movimiento animalista. No se lo merece la gente a la que usted representa.

Solicitamos tener una reunión con usted para poder exponerle los detalles del movimiento animalista y sus estrategias, así como sobre las consecuencias de la imposición de su ideología.

Atentamente,

Victorino Martín

Presidente de la Fundación del Toro de Lidia

Artículo: ‘You’ll never walk alone’ (La travesía por el desierto de los novilleros)

Artículo escrito por Luis Enrique García Labajo, miembro de la Comisión Jurídica de la Fundación del Toro de Lidia, para el diario El Mundo.

En él, el prestigioso notario aporta su punto de vista sobre la situación actual de las novilladas.

En este sentido afirma:

«el centro de la cuestión es el coste económico del novillero con picadores, que, una vez acabado su aprendizaje en la Escuela Taurina, se ve totalmente desamparado para continuar su formación al requerir de cantidades importantes económicamente

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El 26-M y los Sanfermines sin toros

Chapu Apaolaza, periodista y portavoz de la Fundación Toro de Lidia, analiza el resultado de las elecciones del 26-M en su columna en ‘Diario Navarra’:

«El 26-M y los Sanfermines sin toros»

Una de las fantasías más delirantes en las que ha creído la clase política en los últimos años, y probablemente el mayor gol que les ha metido el animalismo, ha sido la creencia de que alguien tarde o temprano prohibiría la tauromaquia o aceptaría su final, y que esto no tendría un coste electoral. La realidad explica lo contrario.

El 26M dice que el que toca el toro, pierde. Navarra y Pamplona son un ejemplo del coste electoral de dudar sobre el apoyo a la tauromaquia. Joseba Asirón abrió la espita al sondear unas fiestas de San Fermín sin toros. Después, Geroa Bai se abandonaba a una futura prohibición taurina, aceptaba el final de los sanfermines tal y como los conocemos, y se adscribía al colaboracionismo animalista. Hoy han conocido el coste que ha supuesto para ellos.

La tauromaquia ha ganado las elecciones en otros sitios: En Madrid capital, por ejemplo, donde Manuela Carmena no ha conciliado la mayoría suficiente después de ningunear y censurar a la gente del toro. En la Comunidad de Madrid, Errejón y Carmena plantearon por primera vez la batalla de la “tauromaquia sin muerte” e Isa Serra, el fin de las corridas. Unos no consiguen gobernar y la otra desaparece del mapa. Podemos abogaba por un referéndum para prohibir la fiesta de los toros y ha sido el gran derrotado del 26-M. Esto, sin hablar del gatillazo del Pacma.

Alguien pensó que los ciento de miles de espectadores de San Isidro (un millón de entradas vendidas) y las gentes de la Comunidad de Madrid de los festejos entre los que hay izquierda, derecha y centro, votarían el exterminio de su propia cultura. Se equivocó. El factor ‘toro’ es transversal: la derecha gana cuando apoya la tauromaquia, pero también la izquierda. Emiliano García Page en Castilla- La Mancha y Guillermo Fernández Vara, en Extremadura, han fomentado abiertamente el toreo y han conseguido la mayoría absoluta en sus comunidades. Que los dos presidentes autonómicos con más fuerza en España sean de izquierdas y taurinos debiera servir para desterrar el viejo mito del toro de derechas, al igual que el de las tauromaquias como falsa tensión entre Euskadi y España.

El toro une y es de todos: pertenece al pueblo y el que lo ataque, atacará al pueblo. Querían una consulta sobre los toros; ahí la tienen.

Descargar columna de Chapu Apaolaza en ‘Diario de Navarra’