Victorino Martín, presidente de la FTL, ante el Senado

Señorías,

Es un honor poder intervenir hoy en esta casa, representación del pueblo español y de sus territorios.Comparezco en mi condición de ganadero.En representación de una estirpe que ha seleccionado durante cientos de años un animal, el toro bravo, que además de ser la imagen más reconocida de España en cualquier punto del planeta, es uno de los tesoros genéticos de nuestro patrimonio.Pero comparezco sobre todo como presidente de la Fundación del Toro de Lidia, una entidad de la sociedad civil que representa a todo el mundo del toro, tanto a los profesionales como a los millones de amantes de la cultura del toro en sus múltiples expresiones.La del toro en la plaza, pero también la de los bous al carrer, los cortes y los recortes, la de los correbous, los encierros, el toro de cuerda, la sokamoturra o tantas otras. El toro vertebra desde hace siglos nuestro territorio.No es un azar gratuito por lo que el toro es nuestra incuestionable seña de identidad en el mundo entero.Por tanto, ningún lugar mejor que este para hablar de tauromaquia, expresión cultural ancestral, que en cada uno de los territorios de España encuentra una manera propia de manifestarse.Me gustaría que mi intervención hoy en la Comisión de Cultura del Senado arrojara alguna luz que pudiera ayudar a interpretar de una manera más clara algunos de los aspectos que están hoy en juego cuando hablamos de tauromaquia.Y para poder hacerlo, lo primero es encuadrar adecuadamente el marco de discusión. Abandonar por un momento el casi folclórico debate de “toros sí –toros no”, para profundizar un poco más en la esencia de las cosas. Entendemos que el debate sobre los toros requiere separarlo en dos, si queremos realizar un análisis acertado del mismo, lejos de vulgares lugares comunes.

El primero se refiere a nuestra relación con los animales.¿Cómo debe ser esa relación?Nuestra cultura, nuestra civilización, se ha construido desde el dominio del ser humano sobre otros actores con los que compartimos planeta: objetos inanimados, plantas y animales.El homo sapiens inicia su espectacular historia de éxito en el momento en el que comienza a dominar tanto las plantas como los animales.La revolución neolítica nos ha hecho llegar hasta donde estamos.Los modelos de pensamiento no han hecho otra cosa que recoger ese estado de cosas, ese dominio del hombre sobre la naturaleza, que podríamos resumir en aquella sentencia de Protágoras: “El Hombre es la medida de todas las cosas”.Dentro de este marco, que ha logrado que seamos lo que somos, el ser humano usa a los animales. Y los usa para muchas cosas, no solo por una imperiosa necesidad alimenticia. Los utiliza para comer, para su supervivencia; pero también en la alta gastronomía, refinamiento intelectual para nuestro deleite. Utiliza también a los animales para su vestimenta, cuando usamos prendas de lana o de cuero. Prendas que cubren nuestras necesidades, pero también nuestros caprichos, en forma de exquisitos bolsos, cinturones, chaquetas o zapatos.Y utilizamos los animales para nuestro ocio, para darnos un paseo a caballo, admirar un animal en un zoológico o como parte de nuestro milenario folclore.Así, solo en España y sin considerar a los peces, se matan cada segundo aproximadamente 26 animales.1.560 animales por minuto. Si consideráramos los peces, que también son animales, seguramente podríamos triplicar estos datos.

Repito, Señorías, 26 animales por segundo.Esta es, por tanto, la fría realidad. Vuelvoa plantear el interrogante. ¿Podemos seguir utilizando a los animales?Y ante esta pregunta debemos responder con un “sí” o con un “no”. Y la respuesta podría ser “no”. Esto es, en esencia, lo que defiende el movimiento animalista. El animalismo es una ideología que, con diferentes matices, impone que los hombres no tienen derecho a utilizar animales para ninguno de sus fines. El animalismo, nos quiere poner en pie de igualdad a hombres y animales. El animalismo, Señores Senadores, es un movimiento que tiene su origen en el mundo anglosajón. Y es desde el mundo anglosajón, norteamericano más específicamente, desde donde principalmente se está promoviendo la agenda animalista a nivel mundial.Son decenas las entidades animalistas que con presupuestos de millones de dólares al año están imponiendo de manera permanente esta agenda.Es difícil que pase un solo día en el que no pueda verse en cualquier medio, alguna noticia relacionada con el avance del animalismo. Tenemos pues un movimiento internacional organizado, con el único fin de imponer un nuevo orden moral en el mundo, de manera que este sea más plano culturalmente, más homogéneo, con menos matices.Un mundo plano culturalmente, listo para que el vacío dejado por nuestras expresiones culturales sea colonizado, qué duda cabe, por nuevas costumbres, un pensamiento único en un mundo con consumidores homogéneos.Y Señores Senadores, no se trata por desgracia de un futuro de ciencia ficción, muy lejano todavía para nosotros.

El animalismo está ya muy presente en nuestra vida pública.Así, el partido PACMA, cercano ya a la representación parlamentaria, pretende de manera expresa imponer el credo animalista. Pero también otros partidos más fuertes trabajan para imponer la doctrinaanimalista. Permítame que les lea un fragmento de una propuesta de ley de bienestar animal presentada en 2018 en el Parlamento de Andalucía por un partido con representación parlamentaria:“Cuestionar la muerte, el maltrato o la privación de libertad delos animales son avances consolidados en la conciencia de millones de personas en Andalucía, al mismo tiempo que avanzan otro tipo de cuestionamientos sobre su uso para eventos lúdicos, para experimentación, para vestimenta o incluso para alimentación”.Como ven, se trata de la ideología animalista expresada de manera ortodoxa. El animalismo, tengámoslo claro, es en nuestra opinión una filosofía absolutamente incompatible con nuestra cultura, con el humanismo mediterráneo.El animalismo supondría una hecatombe cultural, económica y ecológica.Cultural, porque el animalismo sería el fin de centenares de expresiones culturales que nos definen como pueblo: la rapa das bestas, la romería del Rocío, el arrastre de piedras, la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, los corre bous, la cetrería, la matanza del cerdo, los encierros en Pamplona o en Medina del Campo, la fiesta de la lamprea, del campanu, la caballada de Atienza, la fiesta del pulpo o tantas otras.Económica, porque acabaría con las explotaciones ganaderas, por supuesto, pero también con el trabajo con cuero en Ubrique, los atuneros vascos, el jamón de Jabugo, de Teruel o de Guijuelo, las mantas de Ezcaray, los zapatos artesanales de Mallorca o los de Alicante, el queso en sus cientos de estilos, los embutidos salmantinos, la butifarra gerundense y leridana, el fin del marisqueo gallego o de la almadraba en Barbate y Zahara de los Atunes.Y finalmente, también el animalismo supondría una debacle ecológica. El paisaje en España, unode los más biodiversos de Europa, es un paisaje conformado en gran medida por la relación del hombre y los animales que utilizamos.

De esta manera, el animalismo pondría fin a la dehesa, joya ecológica mundial, pero también sería el fin de los prados cantábricos, de las dehesas boyales o del impagable cuidado que ovejas y cabras realizan en nuestros campos.El animalismo es la aniquilación total y absoluta de nuestra cultura y también de nuestro mundo rural, con toda su cultura material e inmaterial, con ese acervo de maneras de hacer, de decir, de cantar, de bailar o de sentir. Y el toro, como tótem y representación de la cultura más representativa de España, es la primera cabeza que se quieren cobrar.Pero tengámoslo claro, Señorías, detrás de los toros irá todo lo demás. El animalismo no se va a detener en la prohibición de los toros.Piensen por un momento en cómo va a afectar el animalismo a los diferentes territorios que representan.Y decidan entonces si quieren seguir el juego antitaurinoa esas fuerzas internacionales.Entiendo que desde un despacho en Madrid pueda resultar fácil defender el animalismo. Yo soy una persona orgullosamente de campo. Y me gustaría decir a todos aquellos que defienden el animalismo, que vengan a la España rural y que nos digan, mirándonos a los ojos, que ya no podemos vivir de lo que vivimos.Puede que alguno se le ocurra decir algo como “bueno, que se reinventen, que se dediquen a otra cosa”. ¿A qué exactamente? ¿qué se supone que tenemos que hacer los millones de personas de la España rural? ¿todos desarrolladores de aplicaciones para móviles? ¿diseñadores gráficos? ¿innovadores en no sé qué cosa que esté de moda? ¿Pero en qué mundo vive esta gente?A toda esa gente animalista les invito a salir de la ciudad, a pisar el campo de la realidad, a que nos digan a la cara que nos quieren destruir, que quieren acabar con toda nuestra realidad.

El animalismo no es cuidar gatos y perros, el animalismo quiere aniquilar la España rural, así de simple, así de claro, así de rotundo. Y cualquier partido que apoye estas opciones ideológicas, será corresponsable de ese intento de destrucción.En todo caso, la realidad en el mundo y desde luego en España, nos dice que a la pregunta de si podemos utilizar los animales, hoy por hoy solo podemos responder con un “sí”.Y si podemos usar los animales, ¿por qué hay gente que pide que se prohíban los toros?Es que es un espectáculo cruel, suele ser la respuesta a esta pregunta.Pero yo pregunto, ¿en serio la tauromaquia se puede considerar más dura que la vida que lleva la inmensa mayoría de los animales en explotaciones industriales? ¿O lo relevante es el hecho de que la crudeza en la tauromaquia sea pública? ¿El problema es verlo?Este es un tema tremendamente interesante, Senadoras y Senadores.¿Qué clase de sociedad queremos? ¿Queremos una sociedad donde una parte se arrogue la potestad de decir qué puede ser visto y qué es lo que no puede ser visto?¿Una casta inquisitorial y censora que decida qué es moral y qué es inmoral? ¿qué es cultura y qué no es cultura?¿Velará esa casta porque solo se pueda exponer un tipo de obras de arte? ¿Habrá arte moral y arte inmoral prohibido? ¿decidirán cómo debemos vestirnos para ir decentes? ¿decidirán el largo de las faldas? ¿decidirán dónde y con quién podemos besarnos?Señorías, son ustedes garantes de que nadie se atreva a hacer de España un país menos libre, no pueden consentir que alguien se arrogue el derecho a decir qué es cultura o qué no es cultura.Aunque puedo casi escuchar alguna protesta diciendo “no, no es lo mismo, aquí hay un animal involucrado”.

Sí, hay un animal involucrado, es cierto. Ya hemos dicho que el hombre usa a los animales para su provecho, para sus fines.La UNESCO solo pone una línea roja para que una expresión cultural sea admisible, la de los derechos humanos y libertades fundamentales. Y la tauromaquia, obviamente, no trasgrede esa línea roja.Tenemos los seres humanos, desde luego, una serie de deberes éticos con los animales, faltaría más. Y esos deberes los tenemos muy presentes en el mundo de la tauromaquia, que a nadie le quepa la menor duda.Tenemos presentes esos deberes desde que son cuidados en nuestras dehesas durante años, hasta que mueren en la plaza, en el marco de un rito centenario, rodeado de respeto y admiración.Solo desde el desconocimiento más absoluto o desde la mentira maliciosa, se puede decir que la gente acude a una plaza de toros para disfrutar del sufrimiento. Si la gente disfrutara con el sufrimiento, tengan por seguro que hace mucho tiempo que habría gradas en los mataderos.Y habrá mucha gente que no lo entienda, que lo vea innecesario.Pero los toros, les aseguro, no son una simple afición para muchas personas. Son una parte consustancial de la propia esencia de muchos de nosotros. Savater dice que el hombre necesita del arte, de los ritos, para crear mecanismos contra la muerte, bálsamos contra la evidencia de nuestro destino. Quizá sea esta una explicación al misterio del toro.La corrida y las demás expresiones de la tauromaquia sostienen una visión integral de la vida. En una sociedad en la que la muerte se obvia y en ocasiones se oculta deliberadamente junto con la vejez, la enfermedad o el dolor, la fiesta de los toros enfrenta la muerte desde todos los planos.Este recordatorio de la muerte permite que el que participa en la fiesta de alguna manera se sienta más pegado a la vida. Esa invitación a vivir con más intensidad se irradia más allá de la plaza y de la calle donde se juegan los toros. La consciencia de la muerte permite que se pueda vivir la vida más plenamente.

Los toros se hacen universales porque transmiten la necesidad de aceptar la vida en todas sus dimensiones y vivirla en una mayor plenitud. Los toros no son un espectáculo de muerte, sino de exaltación de lo que somos: confrontamos la muerte para sentirnos vivos. Esta es la realidad para millones de personas en todo el mundo. No pedimos que todos la compartan. Pero sí exigimos que todo el mundo la respete. Y comprendo que sigue flotando una pregunta que no acaba de tener respuesta: ¿es necesaria la tauromaquia? Pues, no estoy muy seguro…¿Es necesaria la danza?¿Es necesario el teatro?¿Son necesarias las diferentes expresiones culturales?¿Podríamos haber avanzado como especie sin la pintura cubista o sin la música rock? ¿Son necesarios Goya, Falla o García Lorca? Quizá podríamos haber existido sin alguna de estas cosas. Seguramente.Pero indudablemente el mundo sería un lugar mucho más pobre. Como sería más pobre el mundo si no existiera la tauromaquia.Y precisamente, para preservar la riqueza cultural del mundo, la UNESCO aprobó en 2005 su Convención sobre la protección y la promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, aprobada parap revenir de los posibles censores de cualquier expresión cultural. Porque cualquier expresión cultural es patrimonio de todos, hace que el mundo sea más rico. Lo contrario de lo que pretenden algunos.Y aprobó la UNESCO esta Convención apenas unos años después de la destrucción de los Budas de Bamiyán, en Afganistán, por parte del régimen islámico talibán.

Los bombardearon porque alguien decidió que aquellas estatuas milenarias eran contrarias a la moral. Reflexionen sobre esto, Senadoras y Senadores: destruyeron un patrimonio cultural de todos, por la única razón de que a algunos les pareció inmoral.Esto, ni más ni menos, es lo que algunos están pretendiendo con la tauromaquia.Finalizo ya, Señorías.La cultura del toro nació en las orillas del Mediterráneo El toro como animal totémico, es un mito necesario en nuestra manera de entender el mundo. No es casualidad que sea precisamente un toro el animal sobre el que se sostienen los mitos fundacionales de la propia Europa.Es sin embargo el genio ibero el que encuentra significados más profundos sobre la vida y la muerte en su relación con ese toro universal. Y es así cuando, en tiempos en que nuestro Siglo de Oro se encuentra en su plenitud ensanchando los límites de la cultura de la humanidad, se alumbra la tauromaquia moderna como una de nuestras expresiones culturales más características.La cultura ni se crea ni se destruye por decreto, sino que es el producto del tiempo, de la creación de unos y de la asunción por un pueblo de esas creaciones. Así surge y se desarrolla la tauromaquia.También de esta manera, desde los orígenes iberos, la tauromaquia se adopta en otros lugares, pueblos con una pulsión vital similar, una manera parecida de encarar la vida y la muerte, de celebrar y exaltar de forma radicalmente vital la existencia.La tauromaquia, Señorías, es el regalo cultural de España a la humanidad. Francia, Portugal, México, Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y España, somos hoy guardianes de un exquisito patrimonio de todos, y somos todos responsables de su cuidado y de su traslación de generación en generación.

Señorías, sean dignos representantes de su pueblo y luchen por la tauromaquia, con orgullo, como patrimonio cultural común de la humanidad.

Muchas gracias.

Victorino MartínGanaderoPresidente de la Fundación del Toro de Lidia.

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Artículo: ‘De cuando Salvador Távora venció a la «censura añeja y vergonzante» de Cataluña’

Artículo escrito por Lorenzo Clemente, presidente de la Comisión Jurídica de la Fundación Toro de Lidia, para el diario El Mundo.

En él, el reconocido abogado realiza un análisis sobre los dos procedimientos que enfrentaron a Salvador Távora contra la Generalitat debido a que ésta última prohibió la interpretación en la Monumental de Barcelona de su versión de la ópera Carmen, que incluía el rejoneo en su intermedio.

En este sentido afirma:

«Sin duda, estas sentencias, fruto del empeño de Távora en reivindicar su libertad artística, siguen mostrando aspectos claves en la defensa de la Fiesta. Porque, quieran o no los animalistas, el debate está en si es posible (y razonable) que una Administración Pública limite la libertad de creación artística por una consideración del sufrimiento del animal como algo que hay que evitar a toda costa. A costa incluso de la propia naturaleza del animal. De su supervivencia como especie y de la dignidad que merece para tener una muerte acorde con sus propios instintos.».

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Artículo: ‘Un triunfo para la tauromaquia y para el Estado de Derecho’

Artículo escrito por Lorenzo Clemente, presidente de la Comisión Jurídica de la Fundación Toro de Lidia, para el diario El Mundo.

En él, el reconocido abogado realiza un análisis de la sentencia del Juzgado de Alicante, de 28 de diciembre, que anula la decisión del Ayuntamiento de Villena de no ceder su plaza para la celebración de una corrida de toros, del procedimiento que ha llevado a dictarla y de los efectos que produce.

En este sentido afirma:

«la sentencia del Juzgado de Alicante es no sólo un motivo de orgullo como taurinos, sino más aun como ciudadanos de un Estado de Derecho. Porque insiste en la necesidad de que cualquier autoridad sujete su actuación a la ley, que está por encima de las convicciones personales, aficiones e incluso de los programas políticos de quien en cada caso gobierne cada institución, que, siendo legítimos, no permiten vulnerar la ley, que a todos obliga».

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Artículo: “La anulación del TC de los ‘toros a la balear’, un reconocimiento del toreo como hecho cultural”

Artículo escrito por Fernando Gomá, vicepresidente de la Fundación del Toro de Lidia y miembro de la Comisión Jurídica, para el diario El Mundo.

En él, el reconocido notario analiza los elementos esenciales de la sentencia del Tribunal Constitucional relativa a la ley balear de toros que impedía la muerte del animal en la plaza.

En este sentido afirma:

«Quizá lo que haya que entender, en mi opinión, es que el Tribunal Constitucional considera que, mientras la tauromaquia sea una realidad social viva en España, es un hecho cultural protegido por la Constitución. Y de ello se deriva que la tauromaquia no solamente no es susceptible de ser prohibida, sino tampoco de ser desfigurada hasta hacerla irreconocible

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Artículo: «Razón y ceguera de Joan Ribó»

Artículo de Victorino Martín, presidente de la FTL, en el diario Las Provincias.

Este artículo de opinión es la respuesta inmediata a las declaraciones del Alcalde de Valencia, Joan Ribó, ante las cámaras de La Sexta cuando declaró indignado que «es intolerable que una minoría prohíba lo que no les gusta». Pocas horas antes, la policía había estimado creíbles una serie de amenazas, decidiendo suspender el espectáculo que los miembros de la revista Mongolia pretendían ofrecer en La Rambleta de Valencia.

«El alcalde de Valencia se posicionó de una manera inequívoca del lado de la libertad cultural, como no podía ser de otra manera. Bien por el señor Ribó y su defensa de la libertad de Mongolia para poder realizar una actividad cultural, por mucho que hubiera gente a lo que no le gustara esa actividad, que la reprobaran o que les pareciera inaceptable moralmente.

Dicho todo lo anterior y habiendo escuchado al señor Ribó de manera tan certera y contundente en favor de la libertad cultural, me cuesta mucho más entender su postura como alcalde de todos los valencianos en relación con la tauromaquia.

Porque el señor Ribó, el mismo que defiende con vehemencia que no se puede censurar ningún tipo de expresión cultural por el mero hecho de que a algunos no les guste, es el mismo que ha censurado en su propio municipio numerosas expresiones culturales relacionadas con la tauromaquia por la única razón que a él y a unos cuantos más, simplemente no les gusta.

El señor Ribó, precisamente el señor Ribó, ha prohibido las celebraciones de bou embolat en la ciudad de Valencia o en sus pedanías de Borboto, Benifaraig, Carpesa, Massarrochos o Poble Nou, lugares donde el alcalde Ribó no ha dudado en ejercer la censura cultural sin ningún tipo de miramiento.» 

 

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El Constitucional dice no a los ‘toros a la balear’

Artículo escrito por Fernando Gomá, vicepresidente de la Fundación del Toro de Lidia y miembro de la Comisión Jurídica, para la versión en papel del diario «Expansión». 

A los políticos del Pacte balear (Partit Socialista de les Illes Balears, Podemos, Més per Menorca, Més per Mallorca) no les gustan los toros y en el año 2017 quisieron prohibirlos en la comunidad autónoma por medio de una ley, la 9/2017, de 3 de agosto.

No los prohibieron de manera frontal y expresa, eso no era posible porque tal medida ya había sido declarada inconstitucional en la sentencia de 20 de octubre de 2016 del Tribunal Constitucional, relativa a la cuestión de los toros en Cataluña.

Lo que hicieron fue regular la tauromaquia estableciendo requisitos extravagantes y extremos, prohibiciones parciales, limitaciones fuera de lugar y vetos de todo tipo. Haciendo imposible en la práctica la celebración de corridas, pensaron, las eliminamos…pero sin que se note.

Dicho y hecho. La propuesta de regulación de las corridas incluyó controles antidoping a toros y toreros, eliminación de la suerte de matar, de corridas de rejones y del tercio de banderillas, seguros astronómicos, se permitió un máximo de tres toros por corrida (porque sí) y únicamente 10 minutos por faena (de nuevo porque sí), multas enormes, se prohibió que los toros estén en los chiqueros previamente a su lidia, se reguló de una manera extremadamente rígida el peso de los toros, etc.

Esta regulación fue recurrida por parte del Gobierno al Tribunal Constitucional, el cual ha dictado sentencia el día 13 de diciembre de 2018. Y el resultado es claro: todos los artículos recurridos han sido declarados inconstitucionales, salvo uno sin importancia sobre un registro.

El TC examina no solamente los artículos impugnados por separado sino todo el conjunto, y concluye que todos ellos constituyen un obstáculo a la normal celebración de las corridas de toros y provocan una desfiguración de las mismas hasta hacerlas irreconocibles. El TC considera que lo que ha querido hacer la ley es, al final, impedir que se celebre una manifestación cultural con las características que lo hacen reconocible, poniendo requisitos extravagantes y obstáculos insuperables para impedir de hecho su celebración (así, en la sentencia aparecen continuamente palabras como dificultad, obstáculo, desfiguración o irreconocibilidad).

El TC afirma reiteradamente en la sentencia que los toros existen en la realidad española y que no cabe desconocer la conexión existente entre las corridas de toros y el patrimonio cultural español. Y también que la tauromaquia como hecho cultural tiene una forma de ser en España, es algo reconocible y se compone de sus tres tercios y la muerte del toro. Y ello no por ser un producto artificial de las leyes sino por proceder de la propia sociedad, la cual ha ido definiendo, por su voluntad y no como una imposición legal, cómo han de ser en cada momento las corridas.

Así, la sentencia acoge conceptos como: el tradicional desarrollo de la corrida de toros, la normal celebración de las corridas, la recognoscibilidad de las corridas, su reconocimiento como institución cultural, o la consideración de la corrida como manifestación paradigmática de la fiesta tradicional española.

El Tribunal califica a la tauromaquia varias veces como «institución cultural». Esto podría significar que el TC considera a la tauromaquia una institución «constitucionalmente reconocida». Este tipo de instituciones son las que el TC quiere proteger especialmente para evitar que se promulguen leyes que pudieran suprimirlas o desnaturalizarlas, lo cual significaría aumentar en mucha intensidad el grado de protección constitucional de la fiesta de los toros.

La sentencia no luce por su claridad precisamente, pero esta interpretación parece corroborada precisamente por uno de los votos particulares en contra, el de los magistrados Valdés y Balaguer.

Ellos están en total desacuerdo y se quejan de esta declaración de la sentencia, pero precisamente por eso son la mejor guía para interpretarla. Así, dicen en el voto particular que: “se dispensa a la tauromaquia una protección reservada hasta ahora a las instituciones constitucionalmente reconocidas (…) Que, visto el alcance de la sentencia, esta garantía protegería la corrida moderna de toros en términos que rozan la intangibilidad”.

Quizá lo que haya que entender (en mi interpretación) es que el Tribunal Constitucional considera que, mientras la tauromaquia sea una realidad social viva en España, es un hecho cultural protegido por la Constitución, y por tanto no susceptible de ser prohibido.

Ultras a la puerta del Congreso, por Juanma Lamet

Artículo escrito por Juanma Lamet para El Expansión:

“El peligro totalitario y censurador del ascenso del animalismo es una amenaza que se nos antoja lejana, pero que hay que comenzar a combatir cuanto antes. Ya es tarde. El avance de esta ideología antihumanista se dirige hacia un cambio de paradigma que supondría la aniquilación de una enorme parte de nuestro acervo cultural, social y económico.

El animalismo defiende que el ser humano no pueda disponer de los animales como hasta ahora porque los considera esencial y legalmente iguales a él. «Familias como cualquier otra».

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TAUROMAQUIA, PATRIMONIO CULTURAL COMÚN DE LA HUMANIDAD

El Mediterráneo alumbró la civilización grecolatina, un marco de pensamiento en el que el ser humano tiene una posición central, un sujeto poseedor de derechos y de las más exigentes obligaciones, y que nos ha traído a cotas de desarrollo ético y material inimaginables.

Sobre esta concepción se ha ido construyendo una cultura en sus diferentes expresiones, variada y creciente en finas capas de sedimentación, como cualquier proceso cultural cuando es auténtico.

Y siempre el toro. El toro en las orillas del Mediterráneo ha sido un animal totémico, un mito necesario en nuestra manera de entender el mundo. No es casualidad que sea precisamente un toro el animal sobre el que se sostienen los mitos fundacionales de la propia Europa.

Es sin embargo el genio ibero el que encuentra significados más profundos sobre la vida y la muerte en su relación con ese toro universal.

Y es así como, en tiempos en que nuestro Siglo de Oro se encuentra en su plenitud ensanchando los límites de la cultura de la humanidad, cuando se alumbra la tauromaquia como una de nuestras expresiones culturales más características.

La cultura ni se crea ni se destruye por decreto, sino que es el producto del tiempo, de la creación de unos y de la asunción por un pueblo de esas creaciones. Así surge y se desarrolla la tauromaquia.

También de esta manera, desde los orígenes iberos, la tauromaquia se adopta en otros lugares, pueblos con una pulsión vital similar, una manera parecida de encarar la vida y la muerte, de celebrar y exaltar de una manera radicalmente vital la existencia.

La tauromaquia es el regalo cultural de estos pueblos a la humanidad.

Porque la UNESCO nos recuerda que la diversidad cultural es una característica esencial de la humanidad, y que precisamente esta diversidad cultural constituye un patrimonio común de la humanidad, que debe preservarse en beneficio de todos.

Francia, Portugal, México, Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y España, somos guardianes de un exquisito patrimonio de todos, responsables de su cuidado y de su traslación de generación en generación.

Hoy hemos decidido celebrar el Día de la Tauromaquia, una declaración de amor a una forma de entender la vida, y también un emocionado grito de orgullo por nuestra cultura.

Un día también para sentirnos unidos, para estar juntos en estos tiempos de ataques. El mundo del toro tiene muchas visiones, muchas maneras de entenderse, a veces radicalmente opuestas, y eso es lo que hace que nuestra cultura sea tan viva y poderosa.

Pero a todos nos une la misma pasión por el toro, una cultura común, un patrimonio heredado que tenemos la misión de conservar y transmitir a nuestros hijos.

Luchemos por lo nuestro. Unidos y orgullosos, nadie nos podrá arrebatar la tauromaquia, nuestro patrimonio cultural común de la humanidad.

 

Victorino Martín

Ganadero y presidente de la Fundación del Toro de Lidia

Carta abierta a Pablo Iglesias, presidente de Podemos

Contra la cultura no se puede votar

La última propuesta de Pablo Iglesias es proponer un referéndum sobre los toros en España. Sin importarle mucho el hecho de que la tauromaquia sea una expresión cultural de extraordinaria relevancia en España, importante para millones de personas.

Recuerda demasiado a la actuación de los talibán con los budas de Bamiyán, destruidos porque no encajaban en su canon moral. A Pablo Iglesias le parecen moralmente mal los toros, por lo que propone un referéndum para acabar con ellos.

Fue precisamente para evitar estas cosas por lo que la UNESCO aprobó convenciones como la de Diversidad Cultural de 2001 y de la que España es parte, que busca proteger todas las expresiones culturales frente a los fundamentalismos, como el de los talibán entonces o el de Podemos ahora.

Y por si Podemos tiene la tentación de decir que “es que la tauromaquia no es cultura”, la propia UNESCO se adelanta, explicando que el único límite para considerar cuándo una cultura es inadmisible son los derechos humanos y libertades fundamentales. Repito, derechos… humanos.

Por si la UNESCO no es fuente de autoridad suficiente para Podemos, el propio Tribunal Constitucional español, en su sentencia acerca de los toros en Cataluña, declaraba también que la tauromaquia es cultura. Cultura además del máximo rango, porque está contemplada en la protección que la propia Constitución concede al hecho cultural.

Es decir, que el Alto Tribunal establece que la tauromaquia es cultura protegida por la propia Constitución, lo que significa que la propuesta de referéndum sobre los toros sería muy probablemente inconstitucional.

La propuesta de Podemos es una ocurrencia populista, contraria a la libertad de los ciudadanos de elegir el tipo de cultura que desea disfrutar y profundamente antidemocrática. Un conocido antitaurino con una contrastada estatura intelectual, el actual Ministro de Cultura, expresaba hace pocos días que los toros no se podían prohibir, incluso en el caso de que fuesen una minoría (cosa que ponía en duda), porque “una sociedad que no respeta a las minorías no es una sociedad equilibrada”.

Hay diferencia entre una persona de la cultura, y que la comprende, y un político que usa la cultura para fines partidistas. Los toros no se pueden prohibir, son expresión cultural de un pueblo.

En una sociedad democrática madura hay pluralidad de ideas, opiniones y sentimientos culturales y hemos de saber convivir todos en ellas. Estar continuamente pensando en cómo prohibir a los demás que ejerzan su derecho a la libertad cultural revela un ánimo censor que es muy perjudicial para la convivencia.

La cultura del toro es maravillosa pero compleja. La Fundación del Toro de Lidia invitó hace tiempo a todos los políticos para que conocieran la realidad del mundo del toro, obteniendo una respuesta negativa desde el partido de Pablo Iglesias. Quiero aprovechar esta carta para renovar nuestro sincero ofrecimiento para que conozcan la tauromaquia en su profundidad, porque una opinión fundada tiene que basarse en un conocimiento previo.

Victorino Martín
Presidente de la Fundación del Toro de Lidia

Artículo: «De vuelta a los toros»

Artículo escrito por Lucía Núñez, patrono de la Fundación, para el diario El Mundo.

En él, la ganadera de La Palmosilla, explica el proyecto de la Fundación del Toro de Lidia que acerca a distintas personalidades ajenas a la tauromaquia a las plazas de oros. Movimiento que nace en San Isidro 2018 y que se está consolidando en muchas otras plazas gracias a los Capítulos de la FTL.

«Hubo un momento en que creyeron que lo iban a conseguir. Que algunas personas públicas prefirieran no asistir a los toros. La violenta estrategia de algunos grupos antitaurinos hacía que algunas personalidades públicas prefiriesen evitar asistir a las plazas por miedo a las cacerías que en ocasiones se organizaban en redes sociales.
Vivimos una época en que la censura cultural de todo tipo parece en ocasiones asfixiar a la sociedad. Y los toros no son ajenos a esta nueva represión inquisitorial que campa por el mundo al calor de las redes sociales.
Frente a esa situación, mucha gente con la personalidad y altura profesional suficiente se ha cansado y ha dicho basta y se han vuelto a acercar a los toros.
La Fundación del Toro de Lidia está…»
 

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